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BIZANTINO


El arte bizantino dio inicio en el siglo VI., como continuación del paleocristiano romano. Fue una época de misticismo en la que lo humano, material y terrenal era subversivo y el mundo del espíritu y la fe adquirieron mayor trascendencia.
El género de la pintura de más alto rango en el bizantino es el mosaico. Su preciosismo y luminosa fuerza reflejan con la mayor pureza el carácter sobrenatural, inmaterial y sagrado de las verdades de fe representadas; el mosaico, por sus refinados métodos de tratamiento, constituye la técnica mas apropiada para lograr, en las bóvedas y cúpulas del recinto de la iglesia, a la par que la máxima luminosidad y una gran riqueza cromática, dar una nueva vida a la superficie.
Cada parte de la iglesia recibe imágenes del pantocrátor, es decir, la figura de cristo como dios todopoderoso.
Las figuras estilizadas y alargadas que decoran las paredes de la iglesia, vistas casi de frente, miran al espectador con los ojos muy abiertos y parecen flotar ingrávidas y atemporales; esta presentación poco terrenal pasó a ser característica del arte bizantino.
En los manuscritos miniados tanto de textos laicos, los textos de Virgilio (siglo IV o principios del V, Biblioteca Vaticana, Roma), como de escritos cristianos (el Salterio de París siglo X, Biblioteca Nacional, París), se aprecian vestigios del estilo grecorromano.
Destruidos los mosaicos de
Constantinopla quedan como únicas referencias los de San Marcos de Venecia, con abundante empleo del dorado que ejercieron posteriormente una marcada influencia en las obras góticas de Cimabue, Duccio y otros pintores italianos.
En la orfebrería sobresale el uso de los esmaltes sobre metales preciosos, siguiendo la técnica del tabicado o alveolado de origen germánico, en el que los colores se separan por filamentos de oro. En este tiempo, se llevaron a su máxima potencia las costumbres del paleocristiano, incluyendo el uso de los pigmentos en parte monocromos, y posteriormente policromos, tomados de minerales y piedras naturales y creando colores de gran diversidad y belleza. Aquí se presenta uno de los mosaicos más reconocidos de este movimiento artístico, el “Cristo Pantocrátor”, el cual data del
siglo XII y se encuentra en la Iglesia de la Sagrada Sabiduría (Agia Sofia).

ROMANICO


El arte románico vio sus inicios en el año 1050d.C., surgiendo en la época de una Europa sumida en el sistema feudal con una marcada diferenciación de clases sociales. Nació en Francia y estaba ligado a un profundo sentimiento religioso terriblemente opresivo para la sociedad. La arquitectura, escultura y pintura quedaban integrados en una unidad indivisible y eran creados para mayor gloria de dios.
Se manifiesta principalmente en la decoración de muros interiores de iglesias, en pinturas de frontales de
altar, en miniaturas o iluminaciones de códices, alguna vez en mosaicos de pavimentos, esmaltes para decoraciones del mobiliario y en algunas vidrieras de colores que empiezan a usarse en su época desde finales del siglo X, las cuales pasaron a primer plano.
Los pintores de vidrieras sintetizaban las escenas y se preocupaban poco por el realismo de las formas y absolutamente nada del paisaje. Los colores eran planos y primarios, y el fondo se pintaba todo de un solo color.
El lugar preferido para pintar era el ábside, detrás del altar mayor en la iglesia. Los temas más comunes eran el Cristo majestad con los símbolos de los 4 evangelistas o la Virgen María con el niño Jesús.
Se armaba la vidriera con muchísimas piezas de vidrio de color unidas de tal modo que todas en conjunto formaran las figuras que previamente se delineaban en algún cartón o modelo. Mas los perfiles y las sombras de las figuras se pintaban con esmalte de color gris, pardo u oscuro aplicado a la superficie de cada pieza o fragmento y que se fijaba por la fusión al calor del horno. La vidriera, en todo caso, se protegía con un bastidor de hierro al colocarla en la ventana y esta armadura solía marcar las grandes o principales divisiones de la composición de la vidriera.
Los procedimientos generalmente seguidos fueron el
temple y el fresco para cuadros y decoraciones murales, el temple y la aguada en la pintura sobre tabla y la aguada o acuarela (en éstas y en las tablas con aplicaciones de oro) para las iluminaciones de códices. En la pintura sobre tabla era bastante común el recubrir la superficie con un lienzo pegado a la misma sobre el cual se aplicaban algunas manos de fina escayola y se trazaban en ésta para fondo del cuadro ciertos surcos o rayitas e incluso dibujos en relieve y luego se pintaban las figuras que en muchos puntos aparecen también con resalto.
Un pigmento inusual en las pinturas románicas de carácter religioso era el azul egipcio. Es un pigmento usado hasta el arte romano, pero después de la caída de su Imperio es raro encontrarlo presente. Es un pigmento sintético originario de la cultura egipcia y típico de culturas antiguas como la mesopotámica y romana. Los últimos indicios históricos que hay sobre su uso son del siglo IX".
Aquí se muestra un ejemplo de las vidrieras de este tiempo, que data del siglo XII, en ella se puede apreciar el fondo de un solo tipo de pigmento o color, y el uso del azul egipcio en la muñeca del personaje y el motivo en su capa.

GOTICO


Este arte permaneció del siglo XII hasta comienzos del XVI. En ella, es esencial el uso del arco apuntado y ojival, y los números tienen un significado especial; el numero 3 es relacionado con la santísima trinidad y es considerado sagrado, el 4 se relaciona con los elementos de la naturaleza; y el 7 con el hombre en su esencia divina.
La pintura se remitía al trabajo de los vitrales y de las tablas policromas. En general, predominan los colores fuertes pero sin vida como el gris, el negro, el azul fuerte, entre otros. Sus características son la exquisita atención a los detalles, que denota una perspicaz observación de los seres humanos y de la naturaleza por parte del pintor. (Durante el principio del periodo gótico, la estructura de las catedrales concedía mayor importancia a las ventanas, por lo que las vidrieras desempeñaron un papel más prominente en el arte que los manuscritos miniados). Los vitrales presentaban colorido, un fuerte naturalismo, tenencia a la caricatura y la aparición de las figuras de los mecenas que patrocinaban la obra. En una primera etapa del gótico, los
colores son vivos y saturados y el plomo delimita las formas, las cuales son delineadas con precisión para poder ser vistas a través del reflejo de la luz en la vidriera; lo que lleva a la costumbre de descomponerla en medallones u otro tipo de divisiones. Las vidrieras revelan, más que ningún otro arte, el componente irrealista y artificial de este arte.
A mediados del
siglo XIII se produce una modificación profunda de la gama de colores ya que los fondos incoloros se asocian a los tonos quebrados de las escenas y figuras. Con una gama potente pero restringida, las menudas figuras humanas se hacen más agitadas y libres.
En el
siglo XIV, tras el descubrimiento del amarillo indio y el amarillo de plata los vitrales ganan en ligereza, llenándose de un preciosismo dorado que antes nunca tuvieron. Los colores ocres se extraían de unos pigmentos de tierras de color procedentes de la campiña toscana.
Aquí se muestra el Vitral del gran rosetón sur de Notre-Dame de París, que pertenece al estilo gótico clásico radiante. La estructura arquitectónica (1250-1267) es obra de Jean de Chelles y Pierre de Montreuil. Este vitral presenta a Cristo rodeado por los Tetramorfos, los doce apóstoles y doce santos; en él se pueden apreciar los colores vivos, las equivalencias del número 3 (12 y 12), la atención a los detalles y la tendencia a lo caricaturesco.

RENACIMIENTO


El renacimiento surgió en el siglo XV., con el despertar del interés hacia la cultura clásica y por una fuerte confianza en el individualismo. En él, se seguía rindiendo culto a los logros de la antigüedad, pero al mismo tiempo se producía una reactivación intelectual y cultural. Se revalora al ser humano y a la naturaleza a través de las artes, la ciencia y filosofía, dando origen al humanismo.
La manifestación artística más multiforme de la época era la pintura mural al temple (aplicar pigmentos en polvo mezclados con yema de huevo sobre una superficie preparada) y de tabla. Se vuelven a pintar toda clase de series de imágenes religiosas con los nuevos medios de representación iniciados por Giotto; a la vez, se desarrollan otros temas como lo mitológico y lo histórico con abundantes desnudos con temas religiosos. En la pintura renacentista, el paisaje pierde importancia, se sigue una meticulosa representación pictórica de los detalles naturales, se usa la perspectiva lineal, el sentido del movimiento, las grandes proporciones, la racionalidad, el orden y la pureza. Sin embargo, la pintura tenía una personalidad diferenciada en cada autor. Durante el renacimiento, la pintura al óleo vino a ocupar el lugar del fresco y del temple. En 1430 la historia del color en la pintura se vio afortunada gracias a que León Battista Alberti, arquitecto y humanista italiano, advirtió sobre los nuevos principios cromáticos rechazando las antiguas definiciones griegas al utilizar todos los tonos, además consideró al gris como clave en toda composición y sugirió contrastar los colores de acuerdo a la regla de los opuestos complementarios. Es así como la revolución del color encontró sus antecedentes en la luminosidad que caracterizó al Renacimiento, cuando pintores italianos expusieron a la luz como una presencia obligada en cada cuadro. Rafael perfeccionó los anteriores descubrimientos renacentistas en materia de color y de composición, creando tipos ideales en sus representaciones de la Virgen y del Niño y en sus estudios de retratos de sus contemporáneos. Se usaron los pigmentos oleosos sobre yeso seco (a ello se debe el deterioro de los murales que han llegado hasta nuestros días, como es el caso de La última cena), los óleos transparentes, cálidos, el pigmento Tierra verde (hecho de arcilla y hierro, se usaba para lograr tonos apagados o sombreados de la piel); la Malaquita (mineral de carbonato de cobre); Ultramarino (codiciado para pinturas religiosas, fue hecho a partir de la piedra preciosa lapislázuli); la Azurita (o “Azul egipcio”); pigmentos terrosos mezclados con agua y cal, para crear una superficie compacta; el óxido de hierro junto a otros minerales; la tiza roja natural extraída de la tierra. Los pigmentos coloreados se mezclaban con aceite y se diluían, para darles la consistencia conveniente, con una mezcla de aceite de linaza y aguarrás. Aquí se muestra una de las obras más sobresalientes del renacimiento: La creación de Adán, fresco hecho por Miguel Ángel (Año 1510) en la Capilla Sixtina, en Roma; en ella se aprecian los distintos pigmentos utilizados en la época.

MANIERISMO


El manierismo es la corriente artística que predominó en Italia desde el final del Alto Renacimiento en el año 1530, hasta los comienzos del Barroco, hacia el año 1600 aproximadamente. Este movimiento se dio como una reacción anti clásica que cuestionaba la validez del ideal de belleza que se defendía en el Alto Renacimiento. El origen de su nombre viene de la definición que los escritores de esa época le daban a los artistas que pintaban “a la manera de”, es decir, siguiendo los pasos de los pintores del Renacimiento, pero manteniendo una personalidad artística, al menos al principio, ya que este término después se fue usando cuando esa “maniera” se entendió como una técnica imitativa de los pintores famosos. En la pintura manierista, Los colores son extraños, fríos, artificiales, violentamente enfrentados entre sí, en vez de apoyarse en gamas. (Se dan los simbolismos complicados en las pinturas, pero tienen su auge en la orfebrería). Se confería más importancia a la complejidad y a la distorsión que a la armonía de las líneas, al color o a la composición (hasta las pinturas religiosas resultaban inquietantes para el espectador). En la pintura se usaban pigmentos extraídos de sulfuro de arsénico, lapislázuli, materiales orgánicos quemados parcialmente o carbonizados, silicato de hierro, arcilla, el rezago de la desintegración del plomo con ácido, y la fermentación de la uva en platos de cobre; materiales de los cuales se originaron: la azurita, el oropimente, el ultramarino, el negro carbonilla, la tiza, tierra verde, índigo, el blanco de plomo, verde de Grecia y el amarillo ocre. El pintor más conocido de los manieristas en su etapa tardía es El Greco, el cual era intensamente emocional, lo cual reflejaba en sus pinturas al darles un fuerte sentido apocalíptico, incluso a los paisajes. En esta compilación se muestra su óleo sobre lienzo de la Iglesia de Santo Tomé, que se encuentra en la ciudad de Toledo, España, y data del año 1588. En ella se puede apreciar “El entierro del Conde de Orgaz”, el cual le da el nombre a la obra, en la que se puede casi palpar la intensidad del momento, a través de los santos esperando al Conde, y los religiosos despidiéndolo.

BARROCO


Barroco, es el período del arte que se extendió a la literatura, la escultura, pintura, danza y música; desde el año 1600 hasta el 1750 aproximadamente. El término barroco se usó para subrayar el exceso de énfasis y abundancia de ornamentación. Este movimiento tenía una marcada predilección por el naturalismo, el dinamismo y los efectos ópticos. Se crean obras con naturaleza muerta, bodegones, temas religiosos, y animales. Se presentan las líneas compositivas diagonales que daban un sentido de movimiento. Las vestimentas del pueblo son normales, pero las de la clase alta son más adornadas. En este arte se pueden encontrar el hombre individual, el dolor psicológico del hombre, la fantasía y la imaginación, todo esto uniendo más al artista de las personas. Lo que más caracteriza al género de la pintura barroca es el claroscuro, o manejo de luces y sombras, así como la intensidad dramática y el empleo del color. La pintura tiene un papel predominante siendo la expresión más característica del peso de la religión en los países católicos y del gusto burgués en los países protestantes. Se desarrollan nuevas variedades como los bodegones, paisajes, retratos, cuadros de género o costumbristas, así como se enriquece la iconografía de asunto religioso. El color, la luz y el movimiento son un permanente, y se presenta una fuerza expresiva, dramatismo, dinamismo, dominio anatómico, así como figuras llenas de vitalidad mediante gestos y actitudes. Las técnicas que usaban eran el carboncillo, la sanguina, el lápiz y la tinta sobre papel, al temple y al óleo. Los pigmentos usados eran la azurita (que se dejó de usar en el 1700), el oropimente (muy tóxico), el ultramarino, el negro carbonilla, la tiza, tierra verde, índigo, el blanco de plomo y el verde de Grecia; pero el más usado en este tiempo fue el Rojo Carmín, el cual llegó en el 1600 y se obtiene de los cuerpos disecados de la cochinilla. Los pigmentos coloreados se mezclaban con aceite y se diluían, para darles la consistencia conveniente, con una mezcla de aceite de linaza y aguarrás. En la pintura barroca italiana, se destacó la figura de Miguel Ángel Merisi de Caravaggio, o simplemente Caravaggio, del cual en este apartado se muestra su óleo sobre lienzo, de “La crucifixión de San Pedro”, que data del 1600 – 1601 y en el que se muestra un hecho muy conocido entre los católicos.

ROCOCO


El Rococó es el movimiento artístico que surgió en Francia y permaneció entre los años 1730 y 1760. Se define por los colores luminosos, suaves y claros, las formas inspiradas en la naturaleza, la mitología, la belleza de los cuerpos desnudos, el arte oriental y los temas galantes y amorosos. No tenía influencias religiosas, era de temas de la vida diaria y las relaciones humanas; buscaba reflejar lo que es agradable, refinado, exótico y sensual. Se dio el retratismo, en el que los personajes son representados con mucha elegancia, basada en la artificialidad de la vida de palacio y de los ambientes cortesanos, reflejando la sociedad en transformación. Adornaban las telas con querubines. Desaparece así el dramatismo que caracteriza a la pintura barroca. Es desenvuelto y jovial. Apela a los sentidos, al sentimiento y la emoción, más que a la razón. En el barroco se sigue la pintura al óleo y se populariza la pintura al pastel (dibujo en color sobre una hoja de papel), el pastel fue uno de los favoritos, ya que las pinceladas no se apreciaban al ser muy finas. En relación a los pigmentos, o al cromatismo, se da una pintura muy colorista, se prefieren los colores vivos, luminosos, suaves y claros; además se hace un esfuerzo por evitar las sombras, optando por la luz. Así, se usaban los amarillos ocres, el carmín, el ultramarino, la tiza, el tierra verde, el índigo, el blanco de plomo, y el verde de Grecia, entre otros. Jean-Antoine Watteau creó el nuevo género pictórico de las fiestas galantes, además de influir a los sucesores. Aquí se muestra “El columpio”, de Jean Honoré Fragonard, que data de 1768, siendo un óleo sobre lienzo del barroco francés, en el que se muestra el espíritu refinado y sensual del rococó.